El Valle de los Caídos: la batalla por un lugar sagrado

Hay un lugar en España donde más de 33.000 personas de ambos bandos de la Guerra Civil descansan juntas: una basílica excavada en roca, coronada por la cruz más grande del mundo, habitada desde 1958 por monjes benedictinos que rezan allí cada día.

POLÍTICARELIGIÓN

Juan José Alonso

6/20/20262 min read

Hay un lugar en España donde más de 33.000 personas de ambos bandos de la Guerra Civil descansan juntas: una basílica excavada en roca, coronada por la cruz más grande del mundo, habitada desde 1958 por monjes benedictinos que rezan allí cada día. Un templo concebido como gesto de reconciliación entre hermanos que se mataron entre sí. Ese lugar es el Valle de los Caídos. Y el Gobierno avanza sobre él.

En marzo de 2025, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, firmó con el ministro Félix Bolaños el documento que habilita la "resignificación". La cláusula central dice, textual: "se conservará como espacio destinado al culto la zona que ocupa el Altar y las bancadas adyacentes". Nada más. El resto —vestíbulo, atrio, nave, cúpula con sus mosaicos de mártires, la Capilla del Santísimo— queda habilitado para intervenciones "artísticas y museográficas".

Hay un detalle, en la letra fría del propio acuerdo, más elocuente que cualquier denuncia: debe aclarar que se garantizará "un acceso diferenciado" para quienes quieran practicar el culto. Léase bien. La práctica religiosa, en su propia basílica, queda reducida a un pasillo señalizado dentro de un edificio rediseñado para otra cosa. Donde todo era sagrado, ahora todo será museo.

Interior de la Basílica de la Santa Cruz debajo de la gran cruz del Valle de los Caídos.

El problema no es solo qué se permite. Es quién firmó. La abadía es entidad "sui iuris", exenta de la jurisdicción del arzobispo de Madrid, y los acuerdos España-Santa Sede de 1979 garantizan la inviolabilidad de los templos. La Conferencia Episcopal desmintió que el Vaticano firmara nada. Los monjes presentaron su propio recurso. Y el arzobispo de Oviedo no se guardó nada: "una profanación en el sentido etimológico de la palabra".

La Fundación Española de Abogados Cristianos llevó el caso a la Audiencia Nacional, pidiendo medidas cautelarísimas. Su presidenta, Polonia Castellanos, lo resumió con precisión: "No se puede desacralizar un lugar sagrado mediante un acuerdo informal ni de forma parcial". Y denunció que el Estado se arroga competencias que no le corresponden.

La Justicia, por ahora, le dio la razón a quienes defienden el Valle. El 15 de junio de 2026, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid paralizó cautelarmente las perforaciones de la explanada, por "riesgo de daños" al monumento. No fue casual el momento elegido: el 8 de junio, mientras el Papa León XIV visitaba España.

Lo que está en juego no es solo arquitectura, ni un debate administrativo sobre patrimonio. España ya conoció lo que significa el odio a la fe organizado desde el poder: miles de sacerdotes, monjas y religiosos asesinados, templos incendiados, conventos saqueados, durante la Guerra Civil. Fue una de las heridas más profundas de aquel conflicto fratricida. Resulta inquietante que, casi un siglo después, el mismo recinto construido para sanar esa herida sea hoy el blanco de un gobierno socialista que avanza sobre sus altares. Lo sagrado vuelve a estorbarle al poder. El Valle nació para que la oración, no la política, tuviera la última palabra. Hoy, una vez más, esa es la batalla.

Juan José Alonso.

Trinchera para la batalla cultural.

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